sábado, 1 de agosto de 2009

Clima Laboral

Una sociedad de personas.

"Trabajar en una Cooperativa de Ahorro y Crédito, ha sido una de las experiencias más importantes en mi desarrollo personal y profesional..." son unas de las frases que más repite el personal que trabaja en la Cooperativa Jardín Azuayo. La pregunta inmediata que se construye, sin duda es: ¿Y a que aspectos le atribuye esta afirmación?

Entre los principales que se señalan son:

- Estoy cerca de mi casa y mi Familia
- Trabajo para mis amigos y familiares
- Se me facilita estudiar y desarrollarme como persona
- El ambiente de Trabajo
- No hay jefaturas
- Todos se tratan por el nombre y no por el título
- Remuneración

Siendo la última afirmación, en menor numero que todas las anteriores, entonces, ¿que es lo que más valora la gente?

Un buen ambiente de trabajo. Un buen clima laboral

Este aspecto tiene una singular importancia cuando hablamos de una Cooperativa en la que todos sus miembros se apoyan mutuamente para alcanzar un objetivo común. En donde el trabajo se basa en un principio fundamental, la Confianza.

Cuando hablamos de crédito, muy fácilmente lo asociamos con las finanzas o el dinero, pero etimológicamente, la palabra crédito viene de creer y solo se puede creer cuando se confia y solo se confia cuando se conoce... Entonces, si trabajar en una Cooperativa es trabajar con Socios, es trabajar con conocidos, con amigos, con familiares, en una sociedad de personas, con iguales derechos y obligaciones.

Tener claro la razon de ser de una institución facilita el desarrollo de cualquier tipo de estrategias, porque si se trata de una empresa en la que se prioriza el capital, el objetivo es claro, maximizar las utilidades en beneficio de los dueños; y si se trata de una sociedad de personas, es el servicio el maximizado... ¿en beficio de quienes? LAS PERSONAS.

Si las personas tienen claro el objetivo de la institución, tienen clara su forma de proceder ante las personas...


Lecturas de Aprendizaje


Victorias ocultas.

¿Qué prefiere un padre de familia: que sus hijos obtengan, de vez en cuando, el mejor promedio de su clase en la escuela, o que aprendan a superarse a sí mismos, constantemente, sin importar su posición en el “ranking” entre sus compañeros? El desarrollo de equipos de alto rendimiento requiere lo segundo, y esto es difícil de comprender para quienes solo demandan buenos resultados a corto plazo, aunque sean intermitentes.

Es frustrante saber que se posee el talento para lograr victorias constantes, pero que éste no germina por mandato de barreras individuales y colectivas. Mientras los miembros del equipo no aprendan a derribarlas, la incompetencia interna será más peligrosa que la competencia externa. Los síntomas de esas barreras para crecer son el conformismo, las excusas, la mediocridad en el desempeño y, consecuentemente, la resignación y el estancamiento.

La mayor interferencia hacia el despliegue del talento del equipo es el individualismo, la dictadura del “yo” sobre el “nosotros”. La segunda es la incapacidad para desaprender hábitos nocivos y la falta de voluntad para emprender la renovación de actitudes y formas de aprender a ser mejores. El surgimiento de un liderazgo visionario que se percate de que, como dice Camilo Cruz, “la satisfacción con lo bueno es el peor enemigo de lo extraordinario”, dinamiza al equipo y lo coloca en posición hacia el crecimiento.

El éxito creciente es el premio a los equipos constantes en aprender a derribar barreras que impiden el paso del simple “deseo” a la “determinación.” El psiquiatra deportivo Michael Lardon sugiere tres conductas para lograr esta inteligente transición: (1) involucramiento en actividades mentales complejas y diversas que estimulen la sensación de reto, renovación, creatividad y confianza para la superación de obstáculos; (2) definición de una meta desafiante y el estudio riguroso de lo que ella implica, incluyendo el camino que habrá que recorrer para alcanzarla; y (3) empezar a trabajar de inmediato, con inquebrantable disciplina, en colocar cada ladrillo necesario para construir la obra ya diseñada.

La victoria suprema es entonces, entrar en un estado de aprendizaje y transformación interna, que permita superar limitaciones auto-impuestas, crear cohesión de ideales y una auténtica pasión para hacer realidad una ilusión renovada. Es posible que al emprender esta transformación haya un poco de desorden, desajustes, resistencia e inestabilidad, pero ese es el precio que toda organización paga cuando determina superar sus propios resultados. Encender la ignición del cambio individual y colectivo, sin treguas, constituye una victoria oculta a los externos, que luego gozarán, junto al equipo, la constancia de un visible alto desempeño.

Germán Retana - INCAE