sábado, 1 de agosto de 2009

Lecturas de Aprendizaje


Victorias ocultas.

¿Qué prefiere un padre de familia: que sus hijos obtengan, de vez en cuando, el mejor promedio de su clase en la escuela, o que aprendan a superarse a sí mismos, constantemente, sin importar su posición en el “ranking” entre sus compañeros? El desarrollo de equipos de alto rendimiento requiere lo segundo, y esto es difícil de comprender para quienes solo demandan buenos resultados a corto plazo, aunque sean intermitentes.

Es frustrante saber que se posee el talento para lograr victorias constantes, pero que éste no germina por mandato de barreras individuales y colectivas. Mientras los miembros del equipo no aprendan a derribarlas, la incompetencia interna será más peligrosa que la competencia externa. Los síntomas de esas barreras para crecer son el conformismo, las excusas, la mediocridad en el desempeño y, consecuentemente, la resignación y el estancamiento.

La mayor interferencia hacia el despliegue del talento del equipo es el individualismo, la dictadura del “yo” sobre el “nosotros”. La segunda es la incapacidad para desaprender hábitos nocivos y la falta de voluntad para emprender la renovación de actitudes y formas de aprender a ser mejores. El surgimiento de un liderazgo visionario que se percate de que, como dice Camilo Cruz, “la satisfacción con lo bueno es el peor enemigo de lo extraordinario”, dinamiza al equipo y lo coloca en posición hacia el crecimiento.

El éxito creciente es el premio a los equipos constantes en aprender a derribar barreras que impiden el paso del simple “deseo” a la “determinación.” El psiquiatra deportivo Michael Lardon sugiere tres conductas para lograr esta inteligente transición: (1) involucramiento en actividades mentales complejas y diversas que estimulen la sensación de reto, renovación, creatividad y confianza para la superación de obstáculos; (2) definición de una meta desafiante y el estudio riguroso de lo que ella implica, incluyendo el camino que habrá que recorrer para alcanzarla; y (3) empezar a trabajar de inmediato, con inquebrantable disciplina, en colocar cada ladrillo necesario para construir la obra ya diseñada.

La victoria suprema es entonces, entrar en un estado de aprendizaje y transformación interna, que permita superar limitaciones auto-impuestas, crear cohesión de ideales y una auténtica pasión para hacer realidad una ilusión renovada. Es posible que al emprender esta transformación haya un poco de desorden, desajustes, resistencia e inestabilidad, pero ese es el precio que toda organización paga cuando determina superar sus propios resultados. Encender la ignición del cambio individual y colectivo, sin treguas, constituye una victoria oculta a los externos, que luego gozarán, junto al equipo, la constancia de un visible alto desempeño.

Germán Retana - INCAE


5 comentarios:

  1. Muy interesante el comentario sobre lo esencial en el desempeño tanto individual como de los equipos de trabajo. El aprendizaje en comunidades podría ser una excelente alternativa para desarrollar equipos de alto rendimiento.

    Fabian

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  2. Bastante interesante el artículo, ojala y como Administradores del Talento Humano de las empresas empecemos a pensar en como apuntar a que nuestro personal empiece a ser el gestor de su desempeño, tanto individual como grupal.

    Daniela

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  3. Increíble frase de Camilo Cruz; lástima que a los seres humanos nos cueste tan poco estar satisfechos.

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  4. Aprender a superarnos a nosotros mismos, es el reto de todo ser humano competente, la frase del artículo “La victoria suprema es entonces, entrar en un estado de aprendizaje y transformación interna”, es lo que toda organización debe propiciar en sus colaboradores. Siempre estamos comparando nuestro rendimiento con el de los demás dejando de lado un indicador básico que es el crecimiento individual respecto de uno mismo. La lucha interna es doblemente beneficiaria de la persona, por un lado nos permite encontrar el camino del aprendizaje continuo y por otro rompe el conformismo por logros intrascendentes; haciendo del ser humano entonces uno que busca su plenitud personal y profesional desde una perspectiva de continua búsqueda.

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  5. Hola Richard
    Me parece muy interesante la lectura para abrir la visión de muchos quienes estamos vinculados a la gestión del talento humano. Debemos buscar más que un "Buen desempeño" desde el punto de un cunplimiento de tareas asignadas a los colaboradores, es necesario considerar toda la dimensión del ser humano y aportar a un desarrollo trascendental del mismo.
    Un Abrazo
    Rocío

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